Soy logsiano. Y
tú, y tú, y tú... Este sacramento educativo
imprime carácter y, se quiera o no, seremos
portadores de la palma del martirio, de la cruz
a cuestas o de la triunfante corona de olivo
o laurel.
Me vais a permitir
rememorar las caravanas del Oeste, caravanas
de pioneros, de esforzados en la búsqueda de
un futuro mejor. Montados en los carros, el
pueblo; junto a las carretas, los conductores,
los guías del esfuerzo común. La ruta, el camino
están sembrados de dificultades, de accidentes,
de deserciones, de trampas.
Practiquemos la
alegoría. Esta ruta hacia lo desconocido, en
nuestro mundo estudiantil, sería la LOGSE. Vosotros,
alumnos, el pueblo que hace la travesía; nosotros,
los profesores, seríamos los conductores, los
teóricos conocedores de la ruta y sus dificultades.
Primera etapa. Tiernos
muchachos de 1° de ESO, entusiasmados con el
disfrute de este viaje novedoso. Estrenan todo:
carretas, bueyes, caballos, profesores y profesoras,
que son los vaqueros que miran el horizonte
con apariencia de dominio. ¿Qué hay relajo o
desmayo?. Aplícanse suero, vitaminas, látigo,
reconstituyentes. Algún caballo, entiéndase
libro, queda pintado, deslomado, incluso perdido
o arrojado al barranco de los caballos, digo
al barranco de libros perdidos. Algún joven
queda extraviado, fuera de ruta, y el vaquero-tutor
debe introducirse en el territorio enemigo para
rescatar y atraer a la caravana al díscolo de
turno. Se transita por territorios semipacíficos
( yo diría que territorio de indios seminolas
o shoshones). Se constatan el aullido-coyote
del primer suspenso, la picadura tolerable del
doble suspenso, la embestida búfalo del suspenso
múltiple. Hay tiempo, hay esperanza.
Segunda etapa de
la caravana logsiana. 2° de ESO. Territorio
apache. Se fuma la pipa de la guerra al trabajo;
hay quien queda atrapado en las arenas movedizas
de la inconstancia. Se imitan los aullidos y
griteríos apaches, que sintonizan con el exceso
de su adolescencia.
3° de ESO. La caravana
atraviesa territorio comanche. Es la guerra
total. Las carretas, las clases, apocilgadas.
Los guías, al borde del ataque de nervios. La
docencia es como wiski de garrafa. El trato
es como depositar airosamente las posaderas
en el cactus que crece imponente al borde de
la ruta. De vez en cuando nuestros aprendices
logsianos toman, a iniciativa propia y con gran
provecho, clases particulares y confraternizan
con expediciones de indios navajos, que como
su nombre indica, manejan diestramente el arte
de hacer la puñeta en el estilo lo más afilado
posible. También estos navajos parecen expertos
en la brujería maléfica, aplicada a las víctimas
hasta morir. ¡Qué delicadezas, qué agrias pócimas
en forma de pintadas, de motes,...! Fin de etapa.
Alivio generalizado.
4° de ESO. Nuestros
expedicionarios se aprovisionan de la ciencia
de sioux y arapajoes. De ellos copian el arte
de desaparecer de la caravana (léase clases).
Son proclives a la construcción rápida de puentes,
aunque no se vea su necesidad. Alargar carnavales
y pilares o apoyar mayoritariamente huelgas
son prácticas de especialidad consumada. Estos
de cuarto parecen chamanes que embaucan a los
guías-profesores con
sus plegarias y hechizos hasta conseguir en
la ceremonia final de etapa el certificado soñado
de experto en ESO. La danza del sol para la
gran cacería del título, la ceremonia de la
lluvia benéfica para alcanzar lo que se proponen
es tan persistente que consiguen el resultado
final más por insistencia que por méritos. Son
cuatreros de títulos.
Al final de la etapa,
les quedan los traicioneros Rápidos del Río
Colorado. La fuerza mental de los expedicionarios
más entrenados atraviesa este último escollo
o queda al imperio de la corriente salvaje sin
posibilidad de rescate.
La caravana, en
su quinta etapa, se bifurca. Expedicionarios
logsianos bachilleres y colonizadores de ciclos
formativos.
En el desierto
de Arizona, algunos se secan a causa de las
mortales epidemias de Física, Química, Económica
o Griego. Los cuidados y remedios de los cuidadores-guías
se tornan impotentes ante la extremada endeblez
de los organismos mentales juveniles. Las recomendaciones
alimenticias librescas son desoídas sistemáticamente
por su consideración de insípidas y de pesada
digestión. En vez de agua, hay quien deriva
hacia calimochos y otras ingestas menos recomendables.
El que se salva
del calor tirita o perece en los paisajes helados
de Las Rocosas aquejado de dolencias filosóficas,
biológicas, matemáticas o lingüísticas. En su
dolor desesperado recuerdan a los mohicanos
del Este, que deben ser muy pocos, según cuentan.
Finalmente, los
expedicionarios sobrevivientes y guías divisan
llorosos las feraces tierras californianas,
llenas de minas, acres para cultivar y sueños
premonitorios de Hollywood.
Esta ha sido vuestra
ruta, la ruta logsiana. Los guías buscarán o
abrirán otras rutas alternativas, quizá mejores,
pero siempre enraizadas en lo más deseable para
la formación. Habéis sobrevivido los mejores,
los más adaptados. Debéis ser coronados, pues,
con laurel a la usanza medieval por la obtención
del grado de BACHILLER, cuyo nombre proviene,
por cierto, de la expresión "baya de laurel"
de la corona concedida a los doctores.