Dpto.Educación y Ciencia

  Instituto de Educación Secundaria   Miguel Catalán
Departamento de Orientación

   
Encuesta

 

El 31 de mayo de 2001 se celebró un "Acto dedicado a los alumnos que terminan sus estudios en el IES Miguel Catalán" para despedir al alumnado que finaliza el Bachillerato en el Instituto.

En el acto inaugurado por el director del Instituto, Manuel Cristóbal, intervinieron profesores y alumnos, y finalizó con la actuación de una tuna universitaria. Una muestra de lo que allí se dijo son estas brillantes e imaginativas pinceladas pedagógicas, firmadas por el profesor Jaime Lapeña (Soy Logsiano).


SOY LOGSIANO

(UN LOGSIANO EN EL OESTE)

 

Soy logsiano. Y tú, y tú, y tú... Este sacramento educativo imprime carácter y, se quiera o no, seremos portadores de la palma del martirio, de la cruz a cuestas o de la triunfante corona de olivo o laurel.

Me vais a permitir rememorar las caravanas del Oeste, caravanas de pioneros, de esforzados en la búsqueda de un futuro mejor. Montados en los carros, el pueblo; junto a las carretas, los conductores, los guías del esfuerzo común. La ruta, el camino están sembrados de dificultades, de accidentes, de deserciones, de trampas.

Practiquemos la alegoría. Esta ruta hacia lo desconocido, en nuestro mundo estudiantil, sería la LOGSE. Vosotros, alumnos, el pueblo que hace la travesía; nosotros, los profesores, seríamos los conductores, los teóricos conocedores de la ruta y sus dificultades.

Primera etapa. Tiernos muchachos de 1° de ESO, entusiasmados con el disfrute de este viaje novedoso. Estrenan todo: carretas, bueyes, caballos, profesores y profesoras, que son los vaqueros que miran el horizonte con apariencia de dominio. ¿Qué hay relajo o desmayo?. Aplícanse suero, vitaminas, látigo, reconstituyentes. Algún caballo, entiéndase libro, queda pintado, deslomado, incluso perdido o arrojado al barranco de los caballos, digo al barranco de libros perdidos. Algún joven queda extraviado, fuera de ruta, y el vaquero-tutor debe introducirse en el territorio enemigo para rescatar y atraer a la caravana al díscolo de turno. Se transita por territorios semipacíficos ( yo diría que territorio de indios seminolas o shoshones). Se constatan el aullido-coyote del primer suspenso, la picadura tolerable del doble suspenso, la embestida búfalo del suspenso múltiple. Hay tiempo, hay esperanza.

Segunda etapa de la caravana logsiana. 2° de ESO. Territorio apache. Se fuma la pipa de la guerra al trabajo; hay quien queda atrapado en las arenas movedizas de la inconstancia. Se imitan los aullidos y griteríos apaches, que sintonizan con el exceso de su adolescencia.

3° de ESO. La caravana atraviesa territorio comanche. Es la guerra total. Las carretas, las clases, apocilgadas. Los guías, al borde del ataque de nervios. La docencia es como wiski de garrafa. El trato es como depositar airosamente las posaderas en el cactus que crece imponente al borde de la ruta. De vez en cuando nuestros aprendices logsianos toman, a iniciativa propia y con gran provecho, clases particulares y confraternizan con expediciones de indios navajos, que como su nombre indica, manejan diestramente el arte de hacer la puñeta en el estilo lo más afilado posible. También estos navajos parecen expertos en la brujería maléfica, aplicada a las víctimas hasta morir. ¡Qué delicadezas, qué agrias pócimas en forma de pintadas, de motes,...! Fin de etapa. Alivio generalizado.

4° de ESO. Nuestros expedicionarios se aprovisionan de la ciencia de sioux y arapajoes. De ellos copian el arte de desaparecer de la caravana (léase clases). Son proclives a la construcción rápida de puentes, aunque no se vea su necesidad. Alargar carnavales y pilares o apoyar mayoritariamente huelgas son prácticas de especialidad consumada. Estos de cuarto parecen chamanes que embaucan a los guías-profesores con sus plegarias y hechizos hasta conseguir en la ceremonia final de etapa el certificado soñado de experto en ESO. La danza del sol para la gran cacería del título, la ceremonia de la lluvia benéfica para alcanzar lo que se proponen es tan persistente que consiguen el resultado final más por insistencia que por méritos. Son cuatreros de títulos.

Al final de la etapa, les quedan los traicioneros Rápidos del Río Colorado. La fuerza mental de los expedicionarios más entrenados atraviesa este último escollo o queda al imperio de la corriente salvaje sin posibilidad de rescate.

La caravana, en su quinta etapa, se bifurca. Expedicionarios logsianos bachilleres y colonizadores de ciclos formativos.

En el desierto de Arizona, algunos se secan a causa de las mortales epidemias de Física, Química, Económica o Griego. Los cuidados y remedios de los cuidadores-guías se tornan impotentes ante la extremada endeblez de los organismos mentales juveniles. Las recomendaciones alimenticias librescas son desoídas sistemáticamente por su consideración de insípidas y de pesada digestión. En vez de agua, hay quien deriva hacia calimochos y otras ingestas menos recomendables.

El que se salva del calor tirita o perece en los paisajes helados de Las Rocosas aquejado de dolencias filosóficas, biológicas, matemáticas o lingüísticas. En su dolor desesperado recuerdan a los mohicanos del Este, que deben ser muy pocos, según cuentan.

Finalmente, los expedicionarios sobrevivientes y guías divisan llorosos las feraces tierras californianas, llenas de minas, acres para cultivar y sueños premonitorios de Hollywood.

Esta ha sido vuestra ruta, la ruta logsiana. Los guías buscarán o abrirán otras rutas alternativas, quizá mejores, pero siempre enraizadas en lo más deseable para la formación. Habéis sobrevivido los mejores, los más adaptados. Debéis ser coronados, pues, con laurel a la usanza medieval por la obtención del grado de BACHILLER, cuyo nombre proviene, por cierto, de la expresión "baya de laurel" de la corona concedida a los doctores.

¡HASTA SIEMPRE, LOGSIANOS!